Los “pacifistas” vascos y Gandhi
es un artículo de Iker Gallastegi publicado en GARA el 30 de enero del año 2000.
Llegado el 30 de enero, aniversario de la muerte del Mahatma Gandhi en 1948, algunos organismos «pacifistas» en Euskadi han organizado algunos actos para conmemorarlo y de esa manera sibilinamente tratar de asemejar su pusilánime «pacifismo» al Ahimsa o la no-violencia activa de Gandhi.
Gandhi profesaba el jainismo, religión basada en la pobreza, la humildad, el trabajo doméstico y la no-violencia. Estos valores espirituales eran parte inherente de él, así como de muchos más indios, y supo muy bien utilizarlos, junto a su gran carisma personal, en su incansable y heroica lucha a favor de su gran ideal: la independencia de la India.
Después de sus estudios jurídicos en Londres, no olvidemos que procedía de una familia acaudalada, y de veinte años en Africa del Sur ejerciendo su carrera en defensa de los 150.000 indios que allí residían y a quienes las autoridades blancas trataban no ya como a seres de segunda clase sino como a animales, persiguiéndoles y reprimiéndoles sin piedad (lo cual le supuso ser encarcelado en varias ocasiones). Gandhi volvió a Inglaterra al declararse la primera guerra mundial y, aunque ahora nos parezca paradójico, no solo se alistó él en el ejército de tierra inglés sino que animó a sus compatriotas a que también lo hiciesen y casi un millón de ellos así lo hicieron. Pero al año siguiente Gandhi enfermó y retornó a la India, donde fue aclamado como un héroe por las multitudes.
En abril de 1919, como protesta contra el decreto inglés llamado Rowlatt Bill, el cual imponía duras medidas y leyes de excepción destinadas a reprimir y extinguir el movimiento independentista indio, Gandhi propuso una huelga general: «Que todo el pueblo de la India suspenda sus actividades en una fecha determinada y observe un día de ayuno y de oración». Dos días antes de que terminase este movimiento reivindicativo pro-independencia, estando reunidas más de 20.000 personas en la plaza de Amristar, ciudad sagrada de los Sijs, para mostrar su solidaridad con la huelga general, el Ejército inglés disolvió la pacífica manifestación a tiros, matando a más de 400 manifestantes.
Ante esta tragedia sangrienta, Gandhi respondió con su campaña de desobediencia civil y de no-colaboración con las autoridades inglesas, boicoteando además todos los productos británicos. Su despierta imaginación ideaba toda clase de nuevas vías de acción y en respuesta a su indicación los indios devolvieron todos los títulos, honores y medallas que los ingleses les habían otorgado, sus niños dejaron de asistir a los colegios ingleses, los funcionarios hindúes abandonaron sus empleos en la Administración, los abogados no asistían a los tribunales británicos, los soldados desertaban...
Gandhi recorrió todo el país predicando la expulsión de los ingleses y la independencia de la India, entrando y saliendo de la cárcel (personalmente pasó más de 6 años en prisión, de ellos 8 meses en Africa del Sur), iniciando ayunos y huelgas de hambre para incitar y motivar al pueblo, negociando con las autoridades inglesas, obligándoles, tras haber iniciado una huelga de hambre hasta la muerte, a liberar a todos los presos políticos indios (en aquel entonces ¡más de 60.000!)... Y así, sin descanso, a pesar de su avanzada edad y frágil salud, Gandhi estimulaba y conducía la lucha de su pueblo hasta que, por fin, el 15 de agosto de 1947, cuando tenía ya casi 78 años, pudo ver declarada la independencia de la India; su India.
Ese sí fue Gandhi; el infatigable luchador, el que animaba e inflamaba a su pueblo en la lucha, el indomable independentista, el padre de la India. Utilizando métodos de lucha no-violentos porque era su manera de ser y de hacer las cosas y porque en un país de 400 millones de habitantes cuya formación religiosa y de castas hacía que las multitudes le siguiesen y obedeciesen con devoción rigurosa, él obtenía resultados. Pero no olvidemos que, por si su sistema de lucha no daba el resultado apetecido, también dejó claro que «Prefiero ver a la India libre por la violencia que esclava y encadenada a la violencia de los dominadores».
Los «pacifistas» vascos tratan desvergonzadamente de vestirse con ropaje ajeno cuando pretenden, profanando el nombre de Gandhi, que su «pacifismo» inerte, sumiso, cobarde, anti-independentista y español, tenga ni remotamente la menor semejanza con la no-violencia activa, insumisa, valiente, sacrificada, independentista y anti-británica del Mahatma. Si quieren conmemorar la fecha de su asesinato, de su muerte física, que lo hagan; pero que no traten de menospreciar, ultrajar y de asesinar también su alma, su esencia vital, su espíritu combativo equiparándolo al «pacifismo» demagógico y santurrón que ellos practican y que no significa otra cosa que sumisión, mansedumbre y rendición, porque Gandhi fue, ante todo, un rebelde e indómito luchador independentista.
Iker Gallastegi